"Los periódicos se hacen, en primer lugar, para que los lean los periodistas; luego los banqueros; más tarde, para que el poder tiemble y, por último e inexistente término, para que los hojee el público." Antonio Fraguas, "Forges", humorista español. * "Una prensa libre podrá ser buena o mala, pero sin libertad la prensa siempre es mala." Albert Camus, escritor francés. * "La literatura es el arte de escribir algo que se lee dos veces; el periodismo, el de escribir algo que se lee una vez." Cyril Connolly, escritor británico *







viernes, 11 de noviembre de 2011

IRONÍAS
JUAN JOSÉ MILLÁS,

EL PAÍS, 11-11-2011

Entre parado y preparado no hay más que un prefijo, distancia que, si nunca fue excesiva, con la crisis se ha reducido hasta extremos insoportables. De hecho, ahora todos los trabajadores somos, en potencia, preparados. La recomendación tradicional de los padres ("hijo, debes formarte para estar preparado") ha devenido en una ironía sangrienta, igual que la expresión "jamás hemos tenido una juventud tan preparada". En efecto, nunca hemos tenido una juventud tan cerca de quedarse en el paro; la mitad de los que acaben sus estudios este año se encuentran ya en situación de preparados. El significado se desliza por debajo de las palabras con el sigilo de una sombra asesina. Estar preparado, que en otro tiempo quiso decir haber estudiado dos carreras y cuatro idiomas, significa hoy encontrarse en la situación previa al desempleo, en el umbral del paro, en la frontera de la desesperación laboral. Ahora que habíamos logrado vivir como si no fuéramos a morir nunca, vamos a la oficina con la certidumbre de que nuestro empleo es la antesala del desempleo. Por eso hay también más trabajadores prejubilados que jubilados y contribuyentes más preocupados que ocupados. Hubo un tiempo, ¿recuerdan?, en el que el prefijo de moda fue pos: nos encontrábamos de súbito en la posmodernidad, en la poshistoria, en la era posindustrial o posanalógica. Parece mentira que un cambio de prefijo implique un cambio tan grande de cultura. Ahora todo es más premeditado que meditado, hay también más prejuicios que juicios y presentimos las cosas antes de sentirlas. Perdido su prestigio el pos, nos hemos dado de bruces con el pre. Pero no imaginábamos, la verdad, un pre tan duro, un pre de premonición, sobre todo sabiendo como sabemos desde el principio de los tiempos que no hay presentimientos buenos, pues no existen los profetas de la dicha.

martes, 8 de noviembre de 2011

LA COSTUMBRE

ROSA MONTERO

EL PAÍS, 8-11-2011

A lo tonto modorro, llevamos ya cuatro años de crisis económica. Cuatro años al borde del precipicio sintiendo cómo el viento del desastre nos lame las mejillas. Recuerdo, al principio, los meses de aguda angustia y la obsesiva sensación de que los bancos (y nuestros ahorros) se iban a derrumbar como castillos de naipes. Cuatro años más tarde, todo es mucho peor y más horroroso. Las amenazas son más grandes que nunca y el pasmoso lío del referéndum griego demuestra una vez más que los que mandan no tienen ni la más repajolera idea de cómo salir de esto. Por no hablar de las hordas de parados y de las decenas de miles de personas que han perdido sus casas. Y, sin embargo, se diría que lo soportamos mejor. Que nos hemos acostumbrado a vivir en la vecindad del Apocalipsis, como los labriegos medievales se acostumbraban a las sangrientas y periódicas incursiones de vikingos. Que nuestro miedo ha perdido su filo y ya ni nos molestamos en comentar la última noticia catastrófica con los amigos. Incluso nos las apañamos para no leerla e ignorarla. 

Ya lo dice el viejo refrán: que Dios no te mande todo aquello que puedas aguantar porque puedes soportarlo casi todo. La estupenda fotógrafa Christine Spengler me contó cómo en la inacabable guerra de Líbano, un instante después del estallido de las bombas e incluso antes de que se hubiera disipado el humo, los vendedores ambulantes de Beirut volvían a vocear como si nada sus muestrarios de relojes y sus varitas de nardos. Es lo que tiene la asombrosa capacidad de adaptación de la especie humana, la flexible tenacidad que nos protege. Sin duda es nuestro mejor recurso de supervivencia, pero, por otro lado, esa adaptabilidad embota el filo crítico. O sea: también nos acostumbramos a los incompetentes y dejamos de pedirles cuentas por este desastre. 

lunes, 31 de octubre de 2011

DEMOCRATIZACIÓN Y ODIO INTELECTUAL

CÉSAR ANTONIO MOLINA

EL PAÍS, 31-10-2011

En el pasado, uno de los autores que más frecuenté fue McLuhan, aquel señor al que Woody Allen hacía aparecer en Annie Hall. El ensayista canadiense, allá por mediados del siglo pasado, cuando todavía existían de manera incipiente medios de comunicación de masas tales como la radio, el cine, pero sobre todo la televisión, hablaba ya no de un cambio de cultura sino de civilización. McLuhan adivinó como pocos lo que iba a suceder, aunque se fue a la tumba sin saber que esos medios se iban a quedar cortos ante la aparición, pocos años después, de este nuevo Polifemo llamado Internet. El cíclope era antropófago. ¿Internet antropófago? Desde su aparición lo ha engullido todo y aquello que se le resiste lo cerca con tretas dignas de su contrincante Odiseo. El héroe de Troya es hoy la lectura profunda, la escritura creadora y el libro, sobre el soporte que sea, tal cual lo concebimos como compendio del saber al menos desde Gutenberg, aunque su ideario ya había sido conformado antes, al menos 400 años antes de Cristo, cuando Platón en el Fedro debate con Sócrates lo bueno y lo malo que la nueva tecnología de la escritura va a traer a la educación y a la cultura basada en la memoria y la oralidad. La memoria (hoy algo tan combatido) que en la filosofía y la estética de los antiguos (también nuestros contemporáneos) era la madre de las Musas, "saber de memoria", escribe Steiner, "es dejar que el mito, la oración o el poema se ramifique y se expanda en nosotros". 

En los libros de McLuhan hay clarividentes intuiciones sobre el futuro, nuestro presente, a través de los soportes con los que él mismo convivía advirtiendo ya un cambio radical en el individuo y la sociedad. Se refería a máquinas progresivamente más sofisticadas que, por una parte, ayudarían a la actividad humana, pero que, por otra, influirían y condicionarían su conducta. "Estamos acercándonos -dijo- a la fase final de las prolongaciones del hombre, o sea, la simulación técnica de la conciencia". Así es. Este salto gigantesco en la evolución tecnológica está produciendo un cambio tan radical como jamás aconteció. En un solo soporte la palabra escrita, el sonido y la imagen. ¿Qué nuevos géneros literarios o periodísticos saldrán de aquí? ¿Destronarán a los actuales? Simultaneidad en la información, en las redes sociales, facilidad para almacenar y encontrar. El contenido de un medio, afirmaba McLuhan, importaba menos que el medio en sí mismo a la hora de producir efectos en nosotros. Durante la segunda mitad del siglo XX, a pesar de su cruda y premonitoria verdad, el hombre convivió con estos nuevos instrumentos y, en contra de lo que esperaban muchos vaticinadores infaustos, los unos no se comieron a los otros. La prensa y los libros no solo sobrevivieron sino que alcanzaron cotas desconocidas. Pero el tiempo a McLuhan le ha acabado dando la razón. Cada nuevo medio tecnológico nos cambió y modificó. Pero Internet nos está transformando y manipulando de manera radical, como jamás sucedió antes. 

McLuhan pasó de moda, pero ahora vuelve con una verdad que no compartimos en su momento. Aquella referida a que el texto escrito, el libro y la lectura eran una tiranía sobre nuestro pensamiento. Algo que, para él, afortunadamente, había comenzado a resquebrajarse por la acción imparable de los nuevos sistemas de comunicación de masas. Sentí que el autor de Galaxia Gutenberg promovía injustamente el fin de la cultura del libro y propiciaba los nuevos instrumentos audiovisuales uniformadores. ¿Por qué McLuhan atacaba la base tradicional de transmisión del conocimiento? Defendía la democratización de la cultura a través de los medios audiovisuales de comunicación de masas y combatía -él, un intelectual- la aristocracia del saber, debida al libro y la lectura. Este inquietante planteamiento es uno de los que ahora observo desarrollado, con más profundidad, en nuevas monografías. No solo estudiantes, profesionales o profesores confiesan con desparpajo que han dejado de leer libros de papel y que leen solo fragmentariamente en pantalla, sino que los libros son superfluos y que grandes autores de la literatura y obras esenciales ya no les dicen nada. Personas cultivadas muestran claramente un desconocido y desconcertante odio intelectual. Internet facilita el acceso a la información, pero el acceso al conocimiento aún tiene que alcanzarse a través de los usos de siempre. Leer con concentración, atención y en silencio todavía no es algo arcaico y prescindible, se haga a través de cualquier soporte. Lo mismo que la lectura debe ser total y no parcial. La cultura y el conocimiento siempre se obtendrán estudiando: es decir, leyendo. El viejo proceso lineal de pensamiento es el que nos ha conducido hasta nuestros días, ¿por qué no readaptarlo a los nuevos usos tecnológicos? Seguramente es una batalla perdida porque, como dice Nicholas Carr, Internet ofrece tal cantidad de posibilidades que finalmente acaba distrayendo la atención antes reflexiva, concentrada, atenta de la mente lineal ahora desplazada por otra nueva que quiere diseminar información resumida, superficial, poco conflictiva. Que Internet está modificando nuestras costumbres y que el mundo muy pronto será distinto, está claro. Pero eso no significa que abandonemos nuestro espíritu crítico y nos entreguemos a su suerte. No podemos permitirnos el lujo de que nuestros estudiantes pierdan su capacidad para leer, y entreguen su juventud al hipervínculo o al scrolling y que piensen que Don Quijote oUlises son creaciones incapaces de ayudarles. 

Leer un libro no es un acto anticuado. Leerlo entero, compartir su enseñanza, es un acto superior al del mero cazador experimentado en Internet. Nuestros jóvenes se resisten a leer en profundidad y por tanto se resisten a estudiar, a adquirir un conocimiento propio. Han delegado su mente en una máquina, ahora su más fiel amigo. Nuestros jóvenes leen más, escriben más, pero de una manera superficial. Nuestros jóvenes son maestros del puzle. La influencia del ordenador sobre quien lo utiliza es muy grande. Nos estamos dejando vencer por la industria y el mercado, que dictan nuestros gustos y cambian nuestras maneras intelectuales. La modificación del acto, del sentido y el fin de la lectura está ya trayendo los primeros cambios. Como escribe Ong en su libro Oralidad y escritura, las tecnologías no son meras ayudas exteriores, sino también transformaciones interiores de la conciencia y, sobre todo, cuando afectan a la palabra. 

La lectura, la cultura, la educación, el saber y el conocimiento no son algo pasivo, sino activo. Si lo delegamos todo en un instrumento, si vaciamos toda nuestra memoria, también perdemos en estos actos parte de nuestra libertad. Radio, cine, televisión, nunca atacaron frontalmente al libro. Compitieron con él robándole espacio y tiempo, pero la cultura por excelencia seguía transmitiéndose a través de la imprenta. Internet es distinto. Archiva, procesa, comparte la información, también la textual, tecnologiza la palabra, la creación. Es un instrumento útil que no debería suplantar sino completar los buenos usos anteriores. Pero no está siendo así. Carr, en ¿Qué está haciendo Internet?,afirma algo que, muy a mi pesar, reconozco como inevitable: que el futuro del conocimiento y la cultura ya no se encuentra en los libros, ni en los periódicos, ni en televisión, sino en los archivos digitales difundidos por nuestro medio universal a la velocidad de la luz. 

Libro de papel, libro electrónico, conocemos ya sus ventajas y desventajas. El primero, multisensorial, una obra de arte en sí mismo; el otro, repleto de información, de distracciones, de emboscadas a la textualidad. Me preocupa mucho menos el soporte que el cambio profundo que se está produciendo en la antigua manera de leer, buena, experimentada y sabia. El cambio de forma sufrido por un medio supone un cambio de contenido. Cambio profundo en la manera de leer y en la de escribir. 

Muchos jóvenes comentan que no leen novelas porque son demasiado largas para seguirlas en pantalla. Probablemente, en un futuro cercano, las novelas electrónicas serán más visuales que textuales, lo que ya se conoce como vooks. ¿Dónde se hallará el creador? Todo estará socializado y, probablemente, abocado a lo superficial. ¿La lectura "masiva" fue una "breve anomalía" de nuestra historia intelectual y cada vez irá quedando dentro de una minoría que se perpetúa a sí misma, la clase "lectora"? En realidad, ¿no fue siempre así? ¿Por qué este odio intelectual, que lleva a muchos a decir que no debemos llorar por la muerte de la lectura pues estuvo siempre sobrevalorada, así como las grandes obras que la conforman y sus autores, dotados de una genialidad insultante y antidemocrática? ¿Por qué Internet tiene que obligarnos a dejar de leer, a dejar de escribir, a dejar de pensar? En el Fedro, yo estaría de parte de Platón, de parte de la escritura, del avanzar sobre los inconvenientes razonables de Sócrates. Hoy estoy de parte de Internet siempre que, como decía este último, no amenace la profundidad intelectual. 

CÉSAR ANTONIO MOLINA  es escritor y director de la Casa del Lector y fue ministro de Cultura. 

jueves, 27 de octubre de 2011

MIKEL JASO
DESIGUALDADES Y EXPLOTACIÓN


VICENÇ NAVARRO


PÚBLICO, 27-10-2011


En la mayoría de países de ambos lados del Atlántico norte no existe plena conciencia entre la población de la extraordinaria concentración de riqueza existente en estos países, resultado de la aplicación de políticas neoliberales por parte de sus gobiernos en los últimos 30 años. La desregulación de los mercados, incluyendo los financieros (que ha significado que las rentas superiores de tales sociedades y sus instituciones financieras no tengan limitaciones en sus comportamientos especulativos) y los laborales (forzando una disminución de los salarios y de la protección social, lo que conlleva un descenso de las rentas del trabajo con el consiguiente aumento de las rentas del capital, del cual derivan sus rentas los sectores más pudientes de la sociedad), así como las bajadas de impuestos (que han beneficiado predominantemente a tales sectores más pudientes), han facilitado una concentración de las rentas y de la propiedad que ha alcanzado un nivel que no se había visto desde principios del siglo XX, y que afecta negativamente la vida económica y política de tales países.

En EEUU, el investigador que ha estudiado más este fenómeno es el profesor George William Domhoff, que ha documentado cómo en aquel país el 1% de la población (los superricos) posee el 43% de todos los activos financieros, es decir, acciones (38%), valores (60%) y participaciones (62%). En realidad, si añadimos los ricos a los superricos, vemos entonces que el 10% de la población posee el 90% de tales activos y más del 80% de las propiedades inmobiliarias (excepto la vivienda habitual de los propietarios). Un indicador de esta concentración de la riqueza y de las rentas que de ella derivan es el enorme crecimiento del consumo de lujo. Las ventas de la versión más cara del automóvil Mercedes-Benz y Cadillac en EEUU y Porsche en Europa han alcanzado niveles nunca vistos antes. Mientras, las rentas del trabajo han ido disminuyendo en ambos lados del Atlántico como porcentaje de las rentas totales del país y, paralelamente, la pobreza ha ido aumentando.

El incremento en la polarización de la sociedad no está pasando desapercibida. Pero la población no es plenamente consciente del elevado grado de concentración de la riqueza. Así, cuando el canal de televisión público de EEUU (PBS) emitió el documental Land of the Free, Home of the Poor (16-08-11) mostrando la enorme disparidad de la propiedad, hubo una sorpresa generalizada. Según una encuesta entre una muestra representativa de la población estadounidense, el 90% creía que el 20% de la población (los superricos, los ricos y los grupos de profesionales de renta alta) poseía el 60% de la riqueza de aquel país. La concentración de la riqueza, sin embargo, es mucho más acentuada de lo que la población asume: el 10% (ricos y superricos) tiene más del 90% de la riqueza. Un tanto semejante ocurre en España.

La justificación de las políticas públicas neoliberales que favorecen a los superricos y ricos es que ellos son los que invierten y crean riqueza y empleo. Ahora bien, como señala acertadamente el economista de la Universidad de Cambridge Ha-Joon Chang en su libro 23 things they don’t tell you about capitalism, el nivel de riqueza y bienestar de un país no depende de la concentración de la riqueza, sino de cómo se utiliza esta. Cuando son los propios ricos y superricos los que deciden primordialmente cómo se utiliza la riqueza, la sociedad tiene problemas graves. El superrico y rico invierte, no para crear empleo, sino para conseguir más dinero. Y como puede sacar más dinero de las actividades especulativas (que no crean empleo) que de las inversiones productivas (la economía real que produce bienes y servicios), resulta que se crea muy poco empleo. De ahí que Ha-Joon Chang señale que quien debe guiar la utilización de tal riqueza, evitando sus usos no sociales, es la ciudadanía a través del Estado. Y la prueba de ello es evidente. Cuando el capital estuvo altamente regulado (1945-1980) y las diferencias de renta y riqueza entre las clases sociales eran mucho menores que ahora, resultado de políticas redistributivas realizadas por los estados, la riqueza global y el bienestar social crecieron mucho más rápidamente que durante el período neoliberal (1980-2011) cuando el capital, y muy en especial el financiero, pudo hacer lo que quiso. La Gran Recesión es resultado de ello.

Esta concentración a favor de una minoría –los ricos y superricos– se hace a costa de la mayoría, tal como muestran los siguientes hechos: las rentas del capital han aumentado a costa de la reducción de las rentas del trabajo; los recortes de impuestos que han beneficiado primordialmente a los ricos y superricos han supuesto reducciones muy notables de los servicios públicos del Estado del bienestar tales como sanidad, educación y otros servicios utilizados por las clases populares; su enorme influencia sobre los estados y sobre las instituciones internacionales (como el FMI, el Banco Mundial, la Comisión Europea, el BCE y la OCDE) explica también que se estén imponiendo políticas que, favoreciendo sus intereses, están dañando enormemente el bienestar de la población, reduciendo derechos sociales y laborales; y su influencia sobre los estados explica también las enormes ventajas fiscales y ayudas públicas que reciben de los estados (como el rescate de los bancos realizado con dinero público), a la vez que se oponen al aumento del gasto público, incluyendo el gasto público social, que beneficia a las clases populares.

En otras palabras, tales sectores pudientes (que representan minorías muy reducidas de la población) viven mejor a costa de que otros, la mayoría, vivan peor. Esta es la definición de lo que se llama explotación. Así de claro. 

VICENÇ NAVARRO  es catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.

LECTURA, ANÁLISIS, COMENTARIO:


1. ¿De qué tipo es este texto de Vicenç Navarro por la forma del discurso y por su contenido?
2. ¿En qué área de conocimiento lo clasificarías por su contenido?
3. ¿Qué palabras técnicas (tecnicismos) pertenecientes a ese área de conocimiento se utilizan en el texto? Cita al menos 3 de ellas.
3. ¿¿Cuál es la tesis o idea fundamental que defiende el autor?
4. ¿De qué tipo son los argumentos que utiliza?
5. ¿En qué país basa fundamentalmente su análisis?
6. ¿Cuál es la conclusión del autor?

domingo, 23 de octubre de 2011

LO QUE MARTIRIZARÁ A ETA


SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ 

EL PAÍS, 23-10-2011

Siempre se ha dicho que el caso del IRA y el de ETA tenían pocas cosas en común, y es cierto que los dos respondían a escenarios muy diferentes. Aun así, quizás este sea un buen momento para pasar revista a algunas de las cosas que han ocurrido en Irlanda del Norte después de que la organización terrorista firmara los acuerdos de Viernes Santo de 1998 y renunciara al uso de la violencia, y tras el anuncio definitivo del abandono de las armas, que solo se produjo formalmente siete años después, en 2005. 

El IRA, Ejército Republicano Irlandés, buscó durante años, mediante el uso de las armas y el terrorismo, el fin del gobierno británico en Irlanda del Norte y la reunificación de la isla. En su historial se registran 1.778 asesinatos así como 293 militantes propios que perdieron la vida de forma igualmente violenta. Casi 80 años después de iniciada su lucha anunció que buscaría esos objetivos por vías pacificas, a través de su partido político Sinn Fein. Rápidamente se demostró que su principal problema no residía en el gobierno de Londres sino en buena parte de los habitantes de Irlanda del Norte, que no comparten su proyecto, por más que su mensaje haya ido suavizándose y modernizándose. 

En las últimas elecciones a la Asamblea de Irlanda del Norte, creada por los acuerdos de 1998 y puesta en marcha en Belfast realmente en 2005, el Sinn Fein obtuvo 28 escaños, de un total de 108, y quedó en segundo lugar, por detrás del Partido Democrático Unionista, fundado en su día por el conocido reverendo protestante y radical probritánico Ian Paisley, que obtuvo 36. Gracias a los acuerdos firmados entre las dos comunidades, el ministro principal es Peter Robinson, unionista, y el viceministro, el antiguo miembro del IRA Martin McGuinness, que controla, además, cuatro de las once carteras el gabinete. Los dos mantienen una estrecha relación personal. En las últimas semanas, McGuinness ha levantado una fuerte polémica al anunciar que presentaría su candidatura a la presidencia de la República de Irlanda. 

La única pregunta que los antiguos responsables del IRA se niegan a responder es la siguiente: "¿Hubieran podido alcanzar los mismos objetivos que han logrado hasta ahora, utilizando desde el primer momento medios pacíficos?". Si hacemos caso a la mayoría de los analistas y estudiosos del caso irlandés, se podría haber llegado a la situación actual incluso de manera más rápida y simple si el IRA no hubiera hecho uso del terrorismo. El problema es que los dirigentes del IRA jamás podrán aceptar ese análisis porque dejaría sin sentido a las casi dos mil muertes que provocaron a lo largo de estos años y les colocaría a ellos mismos en una posición moralmente insoportable. Como explica Albert Camus en Los Justos, para alguien que se considera a sí mismo un revolucionario es muy difícil vivir y convencerse de que es un asesino. Si las muertes que ha causado no eran necesarias y ni tan siquiera beneficiaron a sus objetivos, la carga individual podría ser abrumadora. 

El problema en el caso de ETA es que tiene delante de sí un espejo nítido que le debería hacer muy difícil ignorar a Camus: Cataluña ha logrado los mismos grados de gobierno propio, la misma autonomía y personalidad nacional de que dispone Euskadi sin disparar un solo tiro y sin provocar la muerte de una sola persona. Los independentistas catalanes, que también rechazan la autonomía, han buscado los mismos objetivos que sus colegas vascos, pero no creyeron tener derecho a defenderlos con el terrorismo. Y no se puede decir que hoy estén más lejos de lograr esos objetivos que los independentistas vascos. Para colmo, los independentistas catalanes han renunciado a lo largo del camino a muchas menos cosas que sus colegas vascos, que se reclamaron en sus inicios marxista-leninistas y que ahora ignoran completamente esa ideología. En fin, sería una pena que los organizadores de la Conferencia de San Sebastian no hubieran leído a Camus. 

NO LES HAGAN CASO
FERNANDO ARAMBURU

EL PAÍS, 22-10-2011
Entiendo el júbilo de algunos como reacción de alivio, pero no lo comparto. Aún menos comparto la ingenuidad imprudente de quienes, sin tomarse tiempo para la reflexión, ya están dispuestos a abrazar y, por supuesto, a hacer concesiones a diestro y siniestro a fin de quedarse 

ETA persiste con sus arsenales, su propaganda, su objetivo férreo y sus pasamontañas. Dicha realidad no cambia un ápice por el simple hecho de que, con grotesca escenografía y verba falaz, tres tipos sin cara hayan anunciado el cese de la única actividad que continuará dando su razón de ser a la banda terrorista mientras esta no se disuelva o sea disuelta: matar y hacer sufrir a la gente para consumar unos fines más o menos políticos. Al verlos pensé de inmediato en el lobo de Caperucita. ¡Qué boina más grande tienes! 

ETA no tiene ningún sentido fuera del crimen. No lo ha tenido nunca. ETA no es una asociación deportiva ni una cofradía para el fomento de las bellas artes. Fue fundada para lo que ha hecho. Su mera existencia, aunque sea en grado de congelación (a saber hasta cuándo), implica una potencialidad criminal continua, punteada en el pasado de un sinnúmero de atentados cuyas sangrientas consecuencias todos conocemos y algunos, las víctimas, siguen padeciendo. 

Tuvo fuerza hasta que a un juez se le ocurrió un día mirar con lupa el funcionamiento del cotarro. ETA no era, no es, como pensaron muchos, un grupo, mucho menos un grupo cerrado. Era, es, la parte ejecutante de un procedimiento colectivo de actuación encaminado a obtener la conversión en Estado de un territorio. Todo lo que no sea la consumación de dicho objetivo no es democracia. Por eso, dicen (ellos o los que profesan sus mismos ideales), la democracia española, a pesar de sus comicios, sus partidos, sus tribunales de justicia y su prensa libre, no es democracia. En estos niveles de debate nos movemos los vascos desde hace más de 40 años. 

El referido procedimiento de actuación no depende directamente de los individuos implicados. Cualquiera podía, puede, incorporarse a él, incluso sin necesidad de entrar en estructura organizativa alguna. Quemar autobuses por cuenta propia, pegar carteles, golpear a un periodista, amedrentar de cualquier manera a la ciudadanía, todo era, es, válido siempre que empujase la causa en la dirección adecuada. Solo la procura de fondos ha mantenido ocupada a mucha gente que, como no empuñaba armas (obtenidas, eso sí, con su recaudación), se considera limpia de delito. 

Con una punzada de vergüenza he comprobado en ocasiones que a numerosos ciudadanos españoles ETA les parecía unacosa lejana, de vascos de por allá arriba, sin percatarse de que esta gente brutal ha estado atacando sin descanso el sistema democrático que, con todos los defectos y excesos que se le quieran imputar, disfrutan los españoles desde hace unas cuantas décadas. Hay que estar muy poco versado en historia de España para ignorar la suerte que hemos tenido los contemporáneos de la época actual. Quien albergue dudas al respecto que eche un vistazo atrás. 

ETA ha matado en todas partes. En Palma de Mallorca a los últimos. Ha matado a no pocos niños. También a peatones que mejor se hubieran quedado aquel día en casa. Usted mismo, que lee estas líneas, podría estar ahora criando malvas. Quien dice usted, dice un familiar suyo, o un amigo, o un compañero de trabajo. ¿Qué noble causa es aquella cuyo cumplimiento pasa por colocar una bomba en el garaje de un supermercado, matar a cinco niñas en un cuartel o a dos ecuatorianos en el aparcamiento de un aeropuerto, y así hasta 858 personas? 

Ahora se hacen los buenos, los políticos, hablan de un nuevo panorama (como si en democracia los panoramas no los decidieran las urnas) y reclaman diálogo para resolver el conflicto. Parecen no haber reparado en que, no bien ha dejado ETA de matar, hay paz. 

¿Qué extraño conflicto armado era este en el que solo disparaba una de las partes? ¿O es conflicto armado el que las fuerzas de orden público detengan y lleven ante un juez a quienes vienen de cometer unos cuantos asesinatos? 

El conflicto persiste, dicen. ¿Qué mayor prueba de que han sido derrotados? Tantos muertos, ¿para esto? ¿Para estar igual que al principio? Aún peor, ¿para haber hecho del pueblo vasco un pueblo dividido, un pueblo de agresores y víctimas, para trasladar aquel infortunio de las dos Españas a las dos Euskadis? 

Llevan tantos años creyéndose sus eslóganes y sus dobleces que aún piensan que van a conseguir, sentándose a una mesa con el ministro del Interior de turno, lo que no les procuraron las bombas ni las pistolas. Amigos, los conflictos, las diferencias, en los sistemas democráticos, se dirimen en los Parlamentos, que para eso están, para discutir y tomar decisiones, y no asesinando congéneres por la simple circunstancia de que vistan de uniforme, militen en la oposición o ejerzan la crítica en los medios de comunicación. 

Así y todo, la derrota decisiva les va a venir a los terroristas a partir de ahora, a medida que vayan saliendo a la superficie las mil y una historias de terror y de podredumbre moral a ellos debidas, y a medida que numerosas manos asienten por escrito todo lo que hicieron. El relato histórico y literario de lo sucedido es hoy por hoy una tarea nacional, un gesto ético de primer orden para con las víctimas y una obligación pedagógica encaminada a dar respuestas positivas a las preguntas que plantearán, quieras que no, las futuras generaciones cuando vuelvan la mirada hacia nuestra época y deseen entenderla. 

Dicha tarea es, además, necesaria para no ponérselo fácil a quienes en adelante, comprensivos con el terror, se afanarán por minimizarlo, borrar las huellas, expandir el humo denso del olvido y tejer los hilos perversos del revisionismo histórico. No estamos por fortuna en la Edad Media. Abundan el material gráfico y los relatos testimoniales de todo tipo. Urge, no obstante, impedir que sea levantada una historia heroica y bucólica de ETA que convierta los lobos en ovejas. Tiempo de sobra han tenido para saber a qué abismos públicos y privados conduce la maldad. 

FERNANDO ARAMBURU es escritor. 

miércoles, 19 de octubre de 2011

EXCELENCIA Y RUINA

ÁNGEL RUIPÉREZ

EL PAÍS, 19´10-2011

Una de las noticias educativas que más sorprendieron e inquietaron durante el curso pasado fue la decisión de la Comunidad de Madrid de crear un Bachillerato de excelencia, para que los alumnos con mejores notas -no los mejores alumnos, eso es otra cosa- desarrollaran sus capacidades en un coto cerrado, sin contacto alguno con los alumnos no excelentes, como si temieran que el contagio con estos últimos degradara sus genes sobresalientes. Los que gestaron tan desagradable idea son los mismos que han gestado esta otra, no menos desagradable y, por su repercusión, mucho más dañina: reducir drásticamente el presupuesto de las otras enseñanzas públicas no universitarias que se imparten en los institutos normales y corrientes, ajenos al engendro de esa ilusa excelencia. 

Como se ve, son dos movimientos perfectamente simétricos, exactamente coincidentes en el tiempo y de significado exactamente opuesto: por un lado, se favorece una concepción elitista de la enseñanza pública, falsamente realzadora de su dignidad, y a la que se dedica sin problemas el presupuesto que necesite y, por otro, se ahoga el normal desarrollo de la otra enseñanza -la real, la que retrata de verdad nuestra sociedad-, con salvajes recortes presupuestarios que revelan algo esencial en la ideología conservadora que dirige los destinos de la Comunidad de Madrid desde hace años: importa poco la enseñanza pública y mucho más las otras enseñanzas (privada y concertada), a las que se apoya con un goteo contumaz e implacable que está rindiendo sus frutos y más con este hachazo terrorífico -promovido por Aguirre y ejecutado por Figar, una experta en gestión empresarial- que deja a la enseñanza pública en un estado de ruina intolerable. 

Presidenta y consejera desconocen que la enseñanza pública tiene la obligación de sentar las bases de una sociedad más bondadosa e igualitaria, acogiendo en sus aulas a todos los alumnos en edad escolar, sean quienes sean, vengan de donde vengan, y planteen los problemas que planteen. Atender a esas realidades exige muchos recursos, tanto económicos como humanos, con el fin de crear una educación pública de calidad capaz de preparar adecuadamente a todos los alumnos, tanto a los inmejorablemente capacitados como a los más necesitados de ayudas especiales. En vez de mimar este proyecto, incrementando las medidas de apoyo y protección, el Gobierno de la Comunidad de Madrid ha provocado de un plumazo un destrozo bestial en ese organismo tan sensible llamado educación pública, con un recorte de 80 millones de euros, del que se vanagloria la presidenta en carta irresponsable y cínica a los profesores. 

Semejante proeza presupuestaria ha logrado poner patas arriba a los centros educativos, sumiéndolos en una angustiosa sensación de estrangulamiento y pobreza, retrocediendo a Dios sabe qué tiempos de precariedad y posguerra, con montones de profesores tratados como ganado, obligándoles a desplazarse a lugares muy alejados de sus centros habituales y en ocasiones forzándoles a compartir su docencia en dos y hasta en tres institutos a la vez. Han dejado a 5.000 profesores interinos en el paro, muchos de ellos jóvenes entusiastas, truncando todas sus esperanzas y devaluando sus muchos cursos y másteres realizados para mejorar su cualificación profesional. 

A partir de ahora se abren en los centros públicos numerosos frentes a la degradación, por muchas razones, y no es la menor por la profundamente antieducativa obligación a que se verán sometidos multitud de profesores de explicar materias en las que no tienen ninguna preparación. Además, las dos horas lectivas famosas a las que se refiere Figar, la diseñadora del atropello, en la práctica se traducen en supresión de los desdobles -decisivos para poder atender a alumnos con grandes desniveles de conocimientos en materias troncales-, en la supresión de tutorías -fundamentales para ayudar a los alumnos, individual y colectivamente-, en más grupos a cargo de los profesores -lo cual significa mermar gravemente su eficacia-, en más número de alumnos en las aulas -más horror aún- y, en general, en un grave deterioro de todas las circunstancias que favorecen un desarrollo digno y razonable de la docencia, el único posible para hacer realidad una educación pública de calidad, y no una degradada, residual y abandonada pariente pobre de las otras educaciones (la privada y la concertada). 

Peligra la educación pública en Madrid, en Galicia, en Castilla-La Mancha: el neoconservadurismo, que la menosprecia, se ha cebado con ella. Peligra la infraestructura más decisiva de la solidaridad social en un país moderno y más justo; peligra el fundamento de una sociedad que aspira a hacer posible que los orígenes sociales no condicionen para siempre las posibilidades de desarrollo personal de cualquier ciudadano. Peligra una larga tradición ilustrada, librepensadora, que ha encontrado en los centros públicos su lugar natural, a salvo del control de la ideología de sus dueños -cualesquiera que fueran- o de las garras de los despiadados gestores (Aguirre y Figar saben). Los ideólogos madrileños del Tea Party (y sus secuaces gallegos y manchegos) han salido a su caza. ¿Quién está dispuesto a defenderla de estos desaforados cazadores? 

ÁNGEL RUPÉREZ es escritor.