"Los periódicos se hacen, en primer lugar, para que los lean los periodistas; luego los banqueros; más tarde, para que el poder tiemble y, por último e inexistente término, para que los hojee el público." Antonio Fraguas, "Forges", humorista español. * "Una prensa libre podrá ser buena o mala, pero sin libertad la prensa siempre es mala." Albert Camus, escritor francés. * "La literatura es el arte de escribir algo que se lee dos veces; el periodismo, el de escribir algo que se lee una vez." Cyril Connolly, escritor británico *







Mostrando entradas con la etiqueta Isaac Rosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Isaac Rosa. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de septiembre de 2011


ALGUIEN TENDRÁ QUE COMPRAR ESCOBAS
ISAAC ROSA

PÚBLICO, 10-9-2011

En vez del millón de nuevos empresarios que promete el PP para acabar con el paro, más le valdría crear un millón de consumidores. Porque el problema hoy no es que haya pocos empresarios y haga falta un millón más, sino que los que hay no venden una escoba, así que se asfixian en sus deudas, y de paso no pagan a sus acreedores, que tampoco venden una escoba ni pagan lo suyo, en un círculo infernal que se va estrechando.
No se vende una escoba porque nadie la compra, porque estamos todos en economía de crisis: unos no consumen por no tener, y otros, teniendo, tampoco gastan por lo que pueda pasar en el futuro negrísimo que todos pintan. Así que la cosa no mejora, no hay actividad, y la insistencia en el ajuste impide levantar el vuelo. Y como hasta que inventemos otra cosa nuestra economía se basa en la demanda de bienes y servicios, las empresas siguen cerrando o recortando plantilla, y los trabajadores que no se van al paro tampoco suelen quedar con ganas de comprar escobas. (Los últimos, como ya saben, los trabajadores de este diario, a los que mando todo mi apoyo en momentos complicados).
Que las cosas funcionan así, y que con la obsesión por la austeridad y los recortes nos vamos al carajo, lo saben hasta los niños: cuando mis hijas juegan con sus amigos a que son dependientas, camareras o peluqueras, eso que tanto gusta a los niños, se reparten los papeles por turnos: unas veces les toca hacer de trabajadores y otras de clientes, porque si no, si todas quieren ser peluquera y nadie pide un corte de pelo, no hay juego posible, se quedan todas en paro.
Lo saben los niños, y cada vez más economistas y gobernantes, incluso en las filas ortodoxas. La cruzada por la austeridad está ahogando la economía mundial, y muchos ya se dan cuenta de que hace falta también poner algo de dinero para salir del hoyo. Un informe de la ONU esta semana auguraba una década de recesión mundial por unos planes de ajuste que “empujan hacia el desastre.”
Lo sabe Obama, que ha presentado un plan que, aunque modesto, va en ese camino. Lo saben quienes empiezan a pedir que la austeridad vaya acompañada de estímulos (así lo llaman, para no decir gasto público), porque sin crecimiento no cuadran las cuentas ni se pagan las deudas, y no se acaba con el problema más grave hoy, que no es el déficit ni la prima de riesgo, sino el paro.
ISAAC ROSA es articulista y escritor.

lunes, 5 de septiembre de 2011

TRABAJAS MENOS QUE UN PROFESOR


ISAAC ROSA




PÚBLICO, 5-9-2011



Me parece muy bien que, puestos a hacer sacrificios, los gobernantes empiecen por apretarles las tuercas a los más privilegiados. Y en el primer puesto no están ni los pilotos, ni los controladores aéreos ni los delegados sindicales, sino, sobra decirlo, los profesores, sobre todo los profesores de secundaria.

Qué les voy a contar a ustedes que no sepan. Cualquiera que haya pasado por un instituto habrá visto que aquello es una fiesta permanente: los docentes se tocan la barriga todo el día, se duermen en clase, juegan al mus en la sala de profesores, se desperezan en el patio. Eso cuando están en el instituto, porque lo habitual es que estén de paseo, por escaqueo o por las muchas vacaciones y festivos que tienen en el año. ¡Y encima les pagan!

Total, para la falta que hacen, ya podíamos prescindir de ellos. ¡Si los estudiantes a esas edades se educan solos! No hay que hacer nada, les das los libros y ya se organizan, a lo que ayuda lo predispuestos que están en esas edades a convivir pacíficamente con sus compañeros. En realidad sigue habiendo profesores por un resabio de otros tiempos, ya que hoy bastaría enchufar a los chavales a un ordenador, y saldrían más que educados.

¿Les suena disparatado todo lo anterior? Pues sin llegar (todavía) a tanto, ya empiezan a oírse voces que intentan caracterizar a los profesores como unos privilegiados a los que se puede exigir sacrificios en momentos de crisis. En cuanto han plantado cara a las medidas antieducativas del gobierno madrileño, éste ha lanzado su artillería contra ellos.

La consejera del ramo dijo que no entendía que quisieran hacer huelga después de dos meses de vacaciones, y subrayó lo de “dos meses”, para que todos nos removiésemos de envidia. Además recordó que tienen trabajo garantizado de por vida, con tanto paro como hay. Por su parte, Aguirre comentó que la mayoría de madrileños trabaja más de esas 20 horas que se les pide a ellos –confundiendo con toda intención las horas lectivas con las de trabajo-.

Quien piense que los profesores son unos privilegiados, o que están para que les aprieten más, que se dé una vuelta por un instituto. Comprenderá además el peligro que supone cargar el ajuste sobre los responsables de la educación de nuestros hijos, aumentándoles la carga lectiva, eliminando tutorías y reduciendo plantillas. Todos perderemos, y mucho.

viernes, 3 de septiembre de 2010


EL MALTRATO Y LA TEORÍA DEL ENTORNO
ISAAC ROSA
"PÚBLICO", 30-4-2008


Que decenas de mujeres son asesinadas por sus parejas cada año y miles son maltratadas es algo conocido por todos. Pocos temas hay que en los últimos años hayan merecido más atención informativa y hayan despertado más sensibilidad ciudadana, y no es para menos, pues supone un fracaso social que nos concierne a todos. Lo que no sabíamos es que además existe una gran conspiración contra las mujeres, contra todas por el solo hecho de serlo, pero especialmente contra las maltratadas. Y que en esa conspiración participan no sólo los maltratadores, sino también muchos hombres en calidad de cómplices o encubridores, pero también medios de comunicación machistas, jueces y fiscales prevaricadores, y hasta el Gobierno y el poder legislativo, que con sus reformas dan cobertura legal a esa monstruosa campaña.
Gracias al artículo de Lidia Falcón (Malos tiempos para las mujeres, Público, 26 de abril) conocemos la existencia de ese complot misógino, y podemos señalar a sus ideólogos y ejecutores, y a sus numerosos partícipes. Y para mi sorpresa, y la de muchos hombres y mujeres, me he enterado de que yo mismo soy cómplice de esa conspiración. Según Falcón, quienes cuestionamos determinadas reformas legislativas estamos a favor de que las mujeres sean maltratadas, asesinadas, discriminadas laboralmente o calumniadas. De la misma forma, quienes estamos a favor de la custodia compartida en realidad estamos defendiendo, con la boca pequeña, a los maltratadores de niños y mujeres, y hasta a los pederastas que asesinan niñas, si no he entendido mal el artículo.
Hace años el juez Garzón inventó ese viscoso concepto de el entorno para actuar contra aquellas organizaciones y personas del abertzalismo que no tuvieran participación directa en atentados.
Numerosos juristas se llevaron las manos a la cabeza, pero el concepto hizo fortuna y la persecución se amplió a situaciones en las que no había un acto terrorista claro pero se sospechaba de afinidad. Ahora Falcón ha descubierto la existencia de el entorno de los maltratadores, al que pertenecemos muchos hombres y mujeres, pues con nuestra bienintencionada defensa de la custodia compartida estamos prestando cobertura a quienes quieren seguir golpeando impunemente o dejar de pagar la pensión por alimentos.
Sé que con el párrafo anterior me meto en una ciénaga de la que uno nunca sale limpio: en pocas líneas hablo de dos asuntos, el terrorismo etarra y la violencia doméstica, cuya hipersensibilidad social impide cualquier debate serio, pues los argumentos no logran elevarse sobre el ruido ambiente, y la unanimidad acrítica suele convertirse en acusación. Igual que muchos, aun pensando que determinadas actuaciones judiciales contra el entorno etarra son un disparate, no se atreven a decirlo en público para no ser sospechosos de simpatía por el terrorismo; de la misma forma hay quienes, estando en desacuerdo con el tratamiento político, judicial y mediático que reciben los asesinatos de mujeres, no se atreven a manifestarlo para no ser señalados como cómplices o, cuando menos, de machistas. Tal vez el artículo de Falcón, con su revoltijo de cosas que nada tienen que ver, consiga que el debate sobre la custodia compartida ingrese en ese mismo terreno sospechoso.
Que en España queda mucho por hacer en materia de igualdad de oportunidades, es cierto. Que arrastramos un atraso cultural y educativo de siglos, nadie lo duda. Que los asesinatos de mujeres son inaceptables, es evidente. El daño para nuestra convivencia es muy grande. Pero hay otro daño, menos obvio, que enturbia lo que debería ser un debate abierto y tranquilo: la imposibilidad de la discrepancia, a partir de un discurso simplista que no admite enmiendas, y la extensión de una histeria social, política y mediática que acabará por enmudecernos a todos.
Cualquier suceso, sentencia, noticia u opinión en la que aparece, aunque sea tangencialmente, el maltrato a una mujer, embota nuestra capacidad de entendimiento y nos empuja al cierre de filas. Cada poco tiempo nos desayunamos con una sentencia “escandalosa” por la que un juez quita los hijos a una maltratada y se los entrega al maltratador. Ése suele ser el titular. Al momento se activan las alarmas, todos cargamos contra el despiadado juez, nos solidarizamos con la madre, y no falta la voz política que prometa reformas para evitar casos así. Pero con frecuencia, si leemos la letra pequeña, acabamos por enterarnos de que las cosas no eran tan sencillas, que tal vez no existía condena, o incluso la denuncia había sido desestimada, o cualesquiera otros elementos que desmienten la impresión inicial. Parece que Falcón es consciente de ese carácter embotador, y hace el triple salto mortal: mezclar en un mismo texto malos tratos y custodia compartida, para que en adelante ambas cosas sean asociadas.
Desde hace años Internet se ha convertido en campo de batalla para partidarios y detractores de la custodia compartida. Una guerra atroz en la que vale todo, y en la que abundan piruetas retóricas como la que hace Falcón. En el exceso verbal, los hombres son tildados de feminicidas, y las mujeres son acusadas de inventar malos tratos para conseguir sus objetivos. Es sólo el eco del drama que viven los juzgados de familia a diario, donde hombres y mujeres en proceso de divorcio rompen todos los puentes y se destrozan mutuamente, dañando de paso a sus hijos en una guerra sucia que suele tener motivaciones económicas.
Deberíamos tener la madurez suficiente para hablar de este tipo de cosas sin perder los papeles. La violencia doméstica merece un enfoque riguroso. No vale con negar las denuncias falsas y relacionarlas con una campaña machista. De la misma forma, la custodia compartida necesita un debate serio. No es cierto que sólo la defiendan los padres para no pagar pensiones. Ni las denunciantes falsas hacen sospechosas a todas las mujeres, ni los maltratadores disfrazados de padres ejemplares pueden extender la sombra sobre todos los padres.