"Los periódicos se hacen, en primer lugar, para que los lean los periodistas; luego los banqueros; más tarde, para que el poder tiemble y, por último e inexistente término, para que los hojee el público." Antonio Fraguas, "Forges", humorista español. * "Una prensa libre podrá ser buena o mala, pero sin libertad la prensa siempre es mala." Albert Camus, escritor francés. * "La literatura es el arte de escribir algo que se lee dos veces; el periodismo, el de escribir algo que se lee una vez." Cyril Connolly, escritor británico *







lunes, 17 de enero de 2011

GRAN METÁFORA


FERNANDO VALLESPÍN

EL PAÍS, 17-01-2011

Cualquiera con un mínimo de sensibilidad intelectual, incluso estética, no puede dejar de sentir un sobresalto cada vez que pasa zapeando por donde estuvo en su día CNN+ y se encuentra con lo que ahora ocupa su lugar. Este malestar seguramente deriva del hecho de que sabemos que aquí se ha producido algo más que un mero intercambio de canales. Estamos ante un caso de libro de la fagocitación de una cadena de información seria y de rigor por parte de una de las manifestaciones más burdas de la novedosa "cultura popular". Es difícil encontrar un ejemplo tan gráfico de la lucha darwinista por las audiencias bajo el signo de la nueva sociedad de masas. Lo que hemos perdido y lo que lo ha sustituido se ha convertido, de golpe, en una metáfora extraordinaria de lo que de una forma más pausada ha venido pasando en nuestro país -y no sólo- a lo largo de los últimos años: la progresiva e implacable banalización del espacio público.

El problema es que cuando estos escasos oasis mediáticos se secan, como acaba de ocurrir con CNN+, ya nada o casi nada puede impedir la propagación del desierto. Con la digna excepción de algunos medios públicos, si consiguen sobrevivir. Como muestra la oferta que encontramos en la multiplicidad de canales de TDT, la nueva pluralidad televisiva no ha aumentado un ápice el acceso a algún programa que fomente el desarrollo de una cultura pública crítica y exigente. Como en su día ocurriera en Italia, este proceso de gradual banalización se ha ido implantando de forma silenciosa y en nombre de valores tan dignos como el entretenimiento y la diversión. Poco a poco, sin embargo, se ha logrado laminar las fuentes que mantenían viva lo poco que quedaba de la cultura política tradicional, casi de la cultura a secas. En una deliciosa ironía del destino, y por seguir en ese mismo país, el empresario que se encargó de empujar a los márgenes mediáticos a quien no participara de su filosofía acabó de primer ministro, e incluso se permitió gobernar como un entertainer, con velinas incluidas.

El resultado, lo sabemos también por Italia, es la progresiva infantilización y despolitización de la sociedad. Es una sociedad de la distracción, en su doble sentido, el de esparcimiento, y el de la falta de atención, sobre todo hacia lo que debiera importarnos como ciudadanos. Lo público, nuestro mundo común, ya no gira predominantemente en torno a la discusión de las cuestiones políticas, sino hacia personajes populares que exhiben impúdicamente su vida privada. El escenario público se llena de trivialidades; se fomentan los tópicos y todo lo que alimenta el morbo. Lo malo es que, por el camino, estas lógicas del espacio público televisivo acaban colonizando al final a la discusión política misma. Lo importante es captar la atención de estos ciudadanos distraídos, aunque para ello haya que ir a La Noria. Es el signo de los tiempos.

Se dirá, y no es un argumento baladí, que esto es lo que la gente quiere ver, y que quiénes somos nosotros, sus críticos elitistas, para imponer nada. Ahora que tanto se habla de los mercados, esta sería otra de sus manifestaciones: el ajuste perfecto entre oferta y demanda televisiva. Lo malo, como ya observaría Tocqueville cuando se refería a la "tiranía de la mayoría", es que esta siempre tiene la tendencia a arrogarse la razón, a presentarse como el poder moral supremo. Y la consecuencia es la presión hacia la conformidad, con las elecciones de los muchos, la anulación del juicio individual diferente, la homogeneización de los gustos y la imposibilidad de imaginar algo distinto de lo dado, de lo que se nos ofrece como normal.

Tampoco cabe confiar demasiado en el sistema educativo como factor de resistencia y como esperanza en un cambio de tendencia. Entre otras cosas porque hoy los valores, el conocimiento y la visión general de la realidad nos los transmiten sobre todo los medios de comunicación. El papel de la educación sigue siendo central, pero no debe ser nada fácil para los educadores competir con un mundo en el que aquello que enseñan a sus alumnos y se supone importante apenas tiene después algún reflejo en el espacio público más amplio. Ocurre más bien al revés: aquello de lo que allí se empapan, de lo que allí consumen, condiciona después su rendimiento escolar. La distracción acaba predominando también aquí sobre el esfuerzo, el esfuerzo de pensar. Y la creación de individuos autónomos y críticos con capacidad para resistirse a las pulsiones de la masa se convierte en un recurso más escaso cada vez.

FERNANDO VALLESPÍN es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid.


LECTURA, ANÁLISIS Y COMENTARIO:

1. Explica de una forma clara y sencilla el significado de las siguientes expresiones del texto. La palabra clave está subrayada.

a. ...fagocitación de una cadena de información... (párrafo 1º)

b. ...lucha darwinista por las audiencias... (párrafo 1º)

c....banalización del espacio público. (párrafo 1º)

d. ...acaban colonizando al final a la discusión política misma. (párrafo 3º)

2.  ¿Cuál es el suceso mediático que provoca la reflexión del autor? ¿Qué consecuencias se derivan de él  en su opinión?

3. ¿Por qué el autor titula el texto como "La gran metáfora?

4. ¿Cuál es la tesis principal que defiende Fernando Vallespín en el texto?

5. ¿Qué pais utiliza como referencia en esta reflexión? ¿Por qué razones?

6. ¿Qué opina Fernando Vallespín sobre la capacidad del sistema educativo para cambiar las cosas?

7. Escribe un texto argumentativo comentando las opiniones del autor y exponiendo tu propio punto de vista.

viernes, 14 de enero de 2011

EL DISCURSO DEL ODIO

ESTEBAN IBARRA

PÚBLICO, 14-1-2011


La matanza de Arizona ha conmocionado al mundo. El ataque criminal con 6 muertos y 14 heridos, entre ellos la congresista demócrata Gabrielle Giffords –militante contra el racismo y afiliada a la Liga Antidifamación, activa defensora de los derechos humanos frente a la legislación xenófoba en Arizona y de leyes progresistas–, ha puesto en primer plano un debate que ella misma significaba: la relación entre el discurso del odio y la violencia. Señalada en una web de la líder del Tea Party, Sarah Palin, que marcaba 20 mujeres demócratas con una diana como objetivo a abatir (políticamente) por su progresismo, Gifford fue víctima de una matanza indiscriminada. ¿Fue obra de un loco o hay algo más?

Aunque es pronto para saberlo, hay indicios e interpretaciones que se deben considerar. Por la documentación encontrada, Loughner, el criminal de 22 años, parece tener una personalidad racista, antiabortista y filonazi. Algunos tratan de confundir explicando que, junto a Mi lucha, en su domicilio se encontró el Manifiesto Comunista, sin embargo, esto es habitual en una corriente ideológica que se expande, también en Europa, como “nacional bolchevismo”, una de las variantes actuales del neonazismo. No quiere decir nada. Sin embargo, el sheriff demócrata de Tucson señaló que esta decisión criminal estaba tomada con antelación y añadió que el lugar se estaba convirtiendo en la “Meca del odio y la intolerancia”. En esa misma línea explicó el director del FBI la amenaza que supone el “discurso de odio” cuando se producen ataques cometidos por “lobos solitarios”. A

Loughner lo defenderá un abogado que llevó el caso de otro “lobo solitario”, Timoty Mac Veight, autor de la matanza de Oklahoma, en la que murieron 168 personas.

No hay por qué descartar la lógica expresada en la web neonazi stormfront.org por Tom Metzger, líder del White Aryan Resistance, que descansa en la idea de resistencia a la democracia y militancia como “lobo solitario”, referencia nazi hacia aquellos que asumen el combate sin manifestaciones, conciertos, reuniones o líderes. Lo explica perfectamente señalando que sólo pueden decir cinco palabras en un interrogatorio: “No tengo nada que decir”. De momento, el asesino de Tucson cumple el guión. Además, los psicópatas del odio necesitan alimento emocional y lo encuentran en la retórica agresiva de la intolerancia con su tríada maligna de odio, discriminación y violencia. Los “lobos” pistoleros, “solitarios” o acompañados, interiorizan los mensajes-fatuas antes de cometer su ejecución. Es el discurso que precede a la acción. En un contexto fanático contra el adversario y con libre acceso a las armas, como le gusta al Club del Rifle. Un discurso que no sólo alimenta el movimiento ultra del Tea Party, ya que en

Arizona hay16 grupos de odio, como denuncia el Souther Powerty Law Center (SLPC), desde los xenófobos American Bordel Patriol hasta los nazis del poder blanco de Free American, pasando por el KKK y los Hammerskin, Blood & Honour y Voksfront. Estos ultrapatriotas se benefician de la Constitución norteamericana, que interpreta la libertad de expresión sin límites, salvo la acción directa a la violencia, alientan el prejuicio, practican el insulto, siembran odio e incluso señalan objetivos de “guerra”, como hicieron miembros del Tea Party con Giffords en Take Back The 20. A Loughner le encontraron en su domicilio escritos del movimiento Patriot, ideas de la teoría de la conspiración mundial judía y otros que apuntan a algún vínculo con la American Renaissance, según el Departamento de Seguridad Nacional. Puede que esté loco, pero indudablemente es un asesino alimentado por el odio que decide y selecciona su objetivo.

En Europa las facilidades son menores. Por estos motivos, la Unión Europea aprobó en 2008 la Declaración Marco de Derecho Penal contra el Racismo y la Xenofobia que obliga a todos los países a armonizar su ordenamiento penal para perseguir por estos motivos la “incitación” al odio y la negación del Holocausto, entre otros temas. España todavía tiene pendiente su cumplimiento riguroso y lo ha olvidado en su última reforma del Código Penal. La Convención Europea de Derechos Humanos y el Tratado de la Unión, entre otras normativas, decidieron poner límites a la libertad de expresión para que no se permita transgredir los derechos fundamentales de las personas, algo que ahora parece normalizarse en internet.

La pregunta que debemos hacernos ante esta realidad es si el ius puniendi del Estado ha de actuar contra estas expresiones del discurso del odio. Desde hace tiempo, en nuestro país, el populismo xenófobo encierra el peligro de alimentar la intolerancia y el odio. No debemos olvidar a Lucrecia Pérez, primera víctima del racismo en nuestra historia reciente, y a las decenas de homicidios que siguieron después. El Estado debe procurar la garantía de los valores democráticos que identifican a una sociedad abierta, entre los que se encuentran la tolerancia y los derechos humanos, y no debe permitir la difusión de ideas contrarias a valores como la dignidad, libertad e igualdad que la Constitución garantiza formalizando su penalización conforme a los acuerdos democráticos de las instituciones europeas. Como afirmaba Glucksmam en su perturbador análisis sobre la inquietante presencia del odio en nuestro siglo, aunque creíamos haberlo superado, existe, y lo vemos a pequeña y a gran escala. Hoy el reto es sobrevivir al odio.

ESTEBAN IBARRA es presidente de Movimiento contra la Intolerancia
WIKIPEDIA O EL SABER DE PASAR EL RATO

VICENTE VERDÚ

EL PAÍS, 13-1-2011

Es chocante. Cuando parecen más ignorantes los alumnos y las escuelas se hallan en franco descrédito, la gente no cesa de querer saber. ¿Una consecuencia de que institucionalmente no les enseñaron nada? Puede ser. El hecho clamoroso es que jamás habían logrado más éxito las obras orientadas a suplir las lagunas históricas, matemáticas o filosóficas, y los libros con aportaciones para completar el conocimiento sobre los egipcios, los romanos o los hombres de las cavernas se convierten en best sellers junto a los opúsculos sobre Sócrates, Platón, la ética o el hedonismo, las matemáticas o el misterio de los números.

De esta popular demanda de saber no es una consecuencia sino su colofón la Wikipedia y los diversos sitios en la Red donde se responde a las preguntas de las masas tenidas por ignorantes, suspendidas en el colegio, expulsadas de los institutos, fatalmente maleducadas.

Este mismo periódico informaba ayer (Miguel Ángel Méndez desde San Francisco) del éxito de Ask.com que suda tinta china para responder incesantemente a las cuestiones de casi 100 millones de usuarios. La gente, como decía el programa de Mercedes Milá, quiere saber y quienes saben, con o sin título, desean enseñar.

Las contestaciones automáticas de Ask.com comprenden el 60% de su oferta, el resto provienen de las respuestas que procura la gente alrededor. La gente o el coro colectivo que, congregados como aficionados, hacen de la sabiduría una provisión sabrosa, divertida y oportuna.

Nunca antes hubo en el mundo una enciclopedia tan vasta como Wikipedia, fundada en 2001 por Jimmy Wales y Karry Sanger, dos tipos norteamericanos de los supuestamente simplones e ignorantes. Antes de Wikipedia el primer puesto enciclopédico fue obra de los chinos (efectivamente), que bajo la dinastía del emperador Ming Cheng Zu, en el siglo XV, redactaron el Yongle Dadien -Gran Colección de la era Yongle-. En torno a 1408, 2.100 redactores llegaron a concluir un monstruo omnívoro del saber total, según contaba Paolo Fabri, hace unos dos años en Revista de Occidente.

Esta obra china contaba con 11.000 volúmenes que comprendían 22.817 capítulos, cada uno correspondiente a un ideograma, clasificado a su vez por claves. La disposición era fonética, no sistemática. Es decir (por decir algo): las entradas estaban dispuestas de acuerdo a las 76 sílabas finales. Este mamotreto gigantesco a cuyo lado la Enciclopedia Británica, el Larousse o la Encyclopédie son meros libros de bolsillos terminó en cenizas, como tantas obras chinas, durante la loca y pintoresca guerra de los boxers. Pero los chinos son así para casi todo: inventan la pólvora y la gastan en fuegos artificiales, inventan el papel y lo dedican a los retretes, introducen el timón y no son capaces -en el pasado- de salir bogando del siglo XVIII.

Hoy China es ya otra cosa. Otra cosa aprendida del saber occidental y, probablemente, de obras mundializadas tan democráticamente como la Wikipedia, un monumento del conocimiento que no brota del sabio excepcional, sino de millones de sabihondos, una realización universal que no sigue el rigor de la universidad ni la severa fiabilidad de sus tremendos postulados.

En Wikipedia conviven la verdad con la falsedad, la certeza con el desatino, el grupo de los "inclusionistas" partidarios del todo vale y el de los "tachadores", enemigos de la lasitud. En Wikipedia la enciclopedia se abandona -como Fabri apuntaba- el prurito de la enciclo-pedia (el ciclo del saber) para inaugurar la Espiropedia. Una espiral del conocimiento que se vuelve sobre sí, habla contra sí y contra otros, se muestra a favor o en contra de esto o de aquello, exalta el saber horizontal sobre el saber piramidal, allana el conocimiento.

Los chinos, los egipcios, los griegos vivían el gran pathos de la sabiduría. Hoy, desordenadamente, patológicamente, el saber es ya una divertida y multitudinaria manera de gozar, jugar, amar y pasar el rato.

VICENTE VERDÚ es periodista y escritor.

jueves, 13 de enero de 2011

AHORA, PERSECUCIÓN A LOS FUMADORES

FELIPE FERNÁNDEZ-ARMESTO

EL MUNDO, 10-1-2010

Esos desgraciados son sucios. Huelen mal. Evenenan el aire. Perjudican la salud de sus vecinos. Amenazan la salud pública. Ofenden a la mayoría. Sus costumbres son asquerosas. Se obstinan por ser diferentes y descartar los consejos de sus superiores. Su presencia en el país es una ofensa inaguantable. Hay que echarles, marginarles o forzarles a conformarse con las normas vigentes de la sociedad que les rodea y de las elites. Para lograr tener una sociedad pura, limpia, y casta hay que suprimir sus prácticas contaminantes. Mientras tanto, hay que perseguirles y someterles a leyes discriminatorias, campañas de denigración, y actos de humillación. Hay que animar a los ciudadanos a que denuncien a esos repugnantes, como hacían en su día los benditos familiares de la Inquisición.

Todas las persecuciones históricas de minorías disponen del mismo vocabulario y siguen el mismo rumbo. Ocurrió así en España en la Edad Media con los leprosos y judíos. Luego pasó algo parecido con los moriscos. A nivel mundial, los judíos, las supuestas brujas, los negros y los homosexuales han sufrido injusticias parecidas. Ahora casi no nos queda a quien maltratar de víctima. Ya no nos permitimos perseguir – por lo menos abiertamente – a los judíos ni a los negros ni a los leprosos ni a los homosexuales. Acabamos con los moriscos y las brujas hace siglos. Las campañas actuales en contra a los musulmanes carecen – gracias a Dios – de apoyo oficial. Por lo visto, empero, nos hace falta enemistarnos con alguna minoría indefensa para aprovechar de la satisfacción de imponerle la miseria. Ahora parece que hemos encontrado a las víctimas perfectas: los fumadores. Debo confesar mi propio interés en el tema. No soy fumador, pero mis valores son de tolerancia y de libertad. Me da vergüenza pertenecer a una sociedad que sancione a un ciudadano por seguir practicando una costumbre tradicional, o que intenta negar a una minoría disidente, por exasperante o desconforme que sea, su derecho a existir.

Por tanto, me empeño en no contribuir a la persecución de los fumadores. Pido cuartos de fumador en los hoteles, para que mis convidados tengan la libertad de encender un pitillo o gozar de un buen puro. Guardo ceniceros en casa e invito a mis huéspedes a fumar si quieren. No permito que nadie les haga sentir avergonzados por su hábito, y si siguen la malvada costumbre moderna de disculparse, saliendo a la calle, para fumar solitariamente y con tristeza en la acera, como exiliados de la compañía de gente supuestamente civilizada, les ruego que se queden dentro del seno familiar y al lado del hogar, como personas apreciadas y normales.

Todas las persecuciones empiezan de la misma forma: con campañas publicitarias inspiradoras de odio y miedo. En los casos de los judíos medievales y los moriscos de la Edad Moderna, los encargados eran los curas, que dedicaban sermones a difundir insultos rutinarios contra la suciedad y el mal olor, a maldecir su condición y a denunciar el peligro de la impureza, que hoy en día equivale a la indiferencia de los fumadores al ideal de la salud perfecta y su supuesta tendencia a estropear el medioambiente. Ahora la campaña es a cargo del Gobierno, que emplea los medios informativos -el clero de la sociedad secular- para difundir imágenes negativas de los fumadores. En todos los casos las campañas pretenden tener bases científicas, pero su auténtico punto de partido es el prejuicio irracional.

La gran ofensa de los fumadores, que enciende el miedo y el odio de los demás, es el fumar pasivo. La teoría de que el humo destroza la salud de los no fumadores se expresó de manera trinchante en la tan citada opinión del cirujano general estadounidense, Richard Carmona, que dijo que morían 49.000 personas cada año en su país por los efectos del humo de tabaco ambiental. Pero esa cifra sorprendentemente alta procedió de su imaginación. Por ahora, seguimos sin disponer de ningún caso concreto, verificado por autopsia, de una persona muerta por tales efectos. Pero no se citan tanto las conclusiones del Congressional Research Service (Servicio de Investigación del Congreso de los Estados Unidos) de 1995, según las cuales la evidencia no apoya la conclusión de que existen problemas de salud sustanciales provocados por el humo de tabaco ambiental.

Mientras tanto, en 1992, el humo de tabaco ambiental fue clasificado por la Environmental Protection Agency (Agencia de Protección del Medioambiete de los EE UU) como una sustancia que causa cáncer de pulmón y es responsable de la muerte de 3.000 americanos cada año. No se ha explicado nunca el aumento repentino de la cifra a 49.000 muertes en la opinión del cirujano general, sólo una década más tarde. La agencia clasificó el humo de tabaco ambiental como cancerígeno a causa de las «similitudes químicas» entre el humo de tabaco inhalado y el humo de tabaco ambiental. Pero esa similitud es muy poca, ya que la constitución química del humo viene afectada por otros factores medioambientales, y sobre todo por la dilución masiva del humo en el aire. Los que encontramos unas volutillas de humo de tabaco en la calle o en un bar, si no somos fumadores, no las inhalamos profundamente, que es la práctica que expone a los fumadores al deterioro de su salud.

No quiero decir ni que los efectos pasivos no existen, ni que no hayan casos nocivos. Por supuesto, se puede imaginar que una persona -una pareja, por ejemplo- sometida a continuas e intensas nieblas de humo de tabaco, sin ser fumador, ingesta algunos de los mismos venenos como un fumador a ultranza. Pero no hace falta perseguir a los fumadores en general para arreglar tal situación. Por motivos sencillos de decencia y de respeto mutuo, los fumadores no deben infligir el olor de su tabaco en los que se fastidian por ello o que tiene miedo, por irracional que sea, de los posibles efectos en su propia salud. Hay que contar también con el problema de personas no fumadoras que sufren efectos de salud, menos graves que el cáncer, pero incómodos, por lo menos, debidos al humo ambiental. La solución equitativa es la que España seguía hasta imponerse la nueva ley: que existan lugares de fumadores y otros de no fumadores, según el gusto de la clientela y de la gente de servicio.

El auténtico motivo de la nueva ley no es, evidentemente, proteger a las supuestas víctimas del fumar pasivo, ya que tales víctimas son muy pocas y se encuentran en su inmensa mayoría entre parejas, en casas particulares, donde la ley no llega. En cambio, la ley sí sirve a exigir a los fumadores que se conformen con normas y valores dictados por las doctrinas oficiales. O sea, el caso se parece, aún más, a los de los judíos, moriscos y brujas. Lo que realmente se pretende con la ley actual es que los fumadores dejen de fumar, o se trasladen a otro país más tolerante. Ahora bien, sería fenomenal que los fumadores abandonen por su propia voluntad una práctica que, si no influye gravemente en la salud de los demás, sí es probable que les hace daño a sí mismos. Pero la decisión debe ser suya. Si admitimos la pluralidad de valores, hay que reconocer que una persona 100% racional prefiera seguir con una práctica peligrosa que le guste -tal como el fumar, o el beber alcohol , o jugar al rugby, o conducir un coche o una moto, o cruzar en rojo la calle, o respirar aire lleno de emisiones carbónicas que proceden en su mayor parte no de los pitillos de los fumadores sino de los medios de transporte – a intentar prolongar su vida.

Pero en lugar de respetar la capacidad de todo ciudadano de ejercer su voluntad y aplicar los criterios que le correspondan, lanzamos campañas de envilecimiento en contra a los fumadores. Les expulsamos a ghettos, literalmente al margen de la sociedad, casi tan exclusionistas como cualquier aljama judía o colonia de leprosos de la Edad Media. Les negamos oportunidades de tener lugares propios, en bares que admiten a fumadores, para gozar del tabaco sin molestar a los demás. Bajo el pretexto de mejorar su salud, les infligimos las enfermedades más características de nuestros tiempos, que son las enfermedades mentales de estrés y de aislamiento social. Les humillamos. Les despojamos su sentido de bienestar. Total que les perseguimos.

Soy, repito, de los que no fuman. Pero no soy partidario de la doctrina de la superioridad moral ni intelectual de los no fumadores. Por lo contrario, los fumadores gozan, en general, de un nivel crítico superior, ya que no les convencen los excesos ridículos de la teoría del fumar pasivo, que tienen engañados a tantos de sus conciudadanos no fumadores. Ni me gustan mucho los valores de personas intolerantes y convencidas de la superioridad de sus prejuicios. Ni me atrae la idea de que la salud sea el valor supremo. Más vale, digo yo, ser bueno que sano. El culto de la salud es una muestra de la falta de sentido moral en la sociedad de hoy, la única religión consensual en un mundo laicista. Si yo tuviera que encerrarme entre paredes con otro ser humano durante una temporada larga, elegiría a un fumador modesto y generoso, y le inhalaría el humo pasivo con todo gusto, más bien que a un no fumador arrogante y perseguidor.

Ver cómo se aplica esta nueva ley ha sido una desilusión profunda. Yo solía pensar que España era un país liberal, hasta amablemente anárquico, donde toda persona tenía la libertad de seguir sus propios hados, y donde la gente, aún la más conformista, se enorgullecía de la pluralidad de costumbres. El hecho de que se permitiera que existiesen bares de fumadores al lado de los de no fumadores me pareció la expresión perfecta de lo español, de su magnanimidad, de su respeto a la dignidad de las personas, de su rechazo al autoritarismo. Espero que las autonomías y los ayuntamientos actúen con tolerancia hacia los fumadores a pesar de la nueva ley. Pero al fin de cuentas, no se trata de cosas que atañen a España sino a la humanidad entera. Si queremos ser parte de sociedades decentes y habitables, debemos resistir la tentación de perseguir a las minorías. Concedamos, por favor, a los fumadores, la misma indulgencia como, tras tantas luchas y tantos sufrimientos, hemos logrado conceder a las víctimas de nuestras persecuciones históricas.

FELIPE FERNÁNDEZ-ARMESTO es catedrático de Historia  y autor de numerosas obras históricas.


LECTURA, ANÁLISIS, COMENTARIO:

1. Clasifica este  texto de acuerdo con la tipología ya conocida.

2. Resume el texto. Ten en cuenta que un resumen no es un mero acortamiento ni un "cortapega" de algunos párrafos, sino una síntesis personal de sus ideas fundamentales.

3. Identifica en el texto los párrafos en los que se alude a:

         a. Persecuciones históricas de otra minorías.
         b. Los  rasgos negativos que identifican a los fumadores.
         c. Los peligros reales o supuestos del tabaquismo pasivo.
         d. La verdadera causa según el autor de la persecución a los fumadores.
         e. Las peculiaridades del caso de España.

4. Define con las propias palabras del autor la TESIS que defiende en el texto.

5. Comenta críticamente este texto, en sentido favorable o desfavorable a las ideas del autor, y fija tu opinión personal sobre el asunto tratado.

martes, 11 de enero de 2011

QUIZÁ NI SEQUEDAD NI DILUVIO

JOSEP MARÍA ESPINÁS

EL PERIÓDICO, 11-1-2010

En una entrevista, Miquel Pairolí, un escritor por quien siento un gran respeto, dice que yo defiendo «una prosa seca». No dudo de que hay escritores más jugosos y algunos son, incluso, brillantes. Quizá una cierta incomodidad que siento ante el lucimiento puede explicar que alguien me considere un escritor seco. Pienso que algunos artículos y libros míos no lo confirmarían, pero el derecho personal al gusto literario es innegable.

Es verdad que no estoy inclinado a la verborrea ni a añadir gratuitamente palabras a un texto. Soy un gran admirador de Josep Pla, y soy igualmente sincero cuando digo que no me gusta cuando se dedica a añadir palabras que significan lo mismo. Por ejemplo, «una evidencia visible». ¿Es que puede haber evidencias que no sean visibles? Quizá soy seco si no soy capaz, como el maestro, de ensartar una serie de adjetivos similares: «una fredor glacial, gebrada, frigorificada». Y en la misma página: «El romànic és un estil humà, cordial, íntim i calent». No soy partidario del abarrocamiento efectista. Aspiro a encontrar las palabras precisas, a la flexibilidad natural de las frases, a evitar el riesgo de enamorarse de la propia prosa para no caer en la pirotecnia verbal.
Lluís Llort, en el diario Avui, avisa de que hay poetas que añaden una confusión innecesaria para dotar a su poesía de un pedigrí artificial. Y recuerda un poema de Rubén Darío que empieza así: «Qué púberes canéforas te ofrenden el acanto». Y dice que García Lorca, al escucharlo, dijo: «Por favor, vuelve a empezar, que sólo he podido entender el qué».

Más espectacular es un poema de Dylan Thomas que se tradujo al castellano con estas palabras: «Las rosas resfriadas mueren en la destornillada tarde del beso hierático de un adiós azul, luengo y uniforme torpe y que bebo abrazos de cartón». No sé qué lenguaje defendía Thomas, quien decía de sus poemas: «No los entiende ni mi madre». En cualquier caso, no he defendido nunca una prosa seca. De hecho, me guardaré de defender ningún tipo de prosa. Siempre es un poco arriesgado juzgar el estilo de los otros a partir del propio. La calidad se puede descubrir en todas partes. Lo único que espero encontrar en cualquier texto-como digo en el libro que cita Pairolí- es que esté cocinado con acierto, con el punto justo de cocción para que no llegue a ser indigesto.

Si defendiera la sequedad, no podría creer en la calidad de la prosa de Pairolí, a quien deseo éxito con su último libro.

JOSEP MARÍA ESPINÁS es periodista y escritor.
TEORÍA Y REALIDAD DE LA LEY CONTRA EL FUMADOR

FRANCISCO RICO

EL PAÍS, 11-1-2010

Quizá no por entero, pero en aspectos importantes la "Ley 42/2010, de 30 de diciembre, por la que se modifica la Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo", etcétera, etcétera, es un golpe bajo a la libertad, una muestra de estolidez y una vileza. Vayamos, brevísimamente, por partes, y en cada una con solo un par de calas.

Golpe bajo. Dejemos de lado que no pocos de los argumentos contra el tabaco carecen de rigor científico y son simple fruto del desconocimiento, por las actuales insuficiencias de la investigación. (Como cuando hace unos años el aceite de oliva se consideraba malo para el colesterol y se excluía de la "sana dieta mediterránea" en la que hoy tanto se ponderan sus virtudes). Concedamos asimismo que la prohibición de fumar en muchos lugares públicos es una medida juiciosa. En muchos, sí, bien está, pero ¿en todos?


A los fumadores en ejercicio se les veta la entrada en multitud de sitios, mientras a nadie se le fuerza a ir a los bares o restaurantes que aquellos elijan. ¿Cuál es el problema para que los fumadores -clientes, dependientes y dueños- dispongan de lugares en que los no fumadores sean libres de no entrar? Cada uno puede hacer de su capa un sayo: contra su voluntad no hay por qué protegerlo de vagos peligros. Más de las tres cuartas partes de los españoles da por buena la existencia de locales para fumadores. La ley de marras es una efectiva restricción de la libertad y un estorbo a la conllevancia.

Estolidez. Los redactores de la ley confirman clamorosamente la opinión que de los políticos tiene la mayoría de los ciudadanos. La torpeza preside en especial la lista de espacios vedados al tabaco. Es patente que el legislador ha ido señalándolos a voleo, según se le pasaban por la cabeza, sin ninguna preocupación por el orden y la congruencia.

El artículo séptimo, así, cataloga los tales espacios desde la letra a hasta la equis. Al llegar a la erre menciona las "Estaciones de servicio y similares". A continuación, en la ese, introduce una disposición universal y omnicomprensiva: "Cualquier otro lugar en el que, por mandato de esta ley o de otra norma o por decisión de su titular, se prohíba fumar". Parece que ahí debiera acabarse la cosa. Pero no, el inventario vuelve a la enumeración particular: "Hoteles, hostales y establecimientos análogos", etcétera, etcétera. Para acabar majestuosamente: "En todos los demás espacios cerrados de uso público o colectivo". En comparación, la enciclopedia china de Borges es un modelo de lógica: "Los animales se dividen en a/ pertenecientes al Emperador, b/ embalsamados, c/ amaestrados, d/ lechones...".

De las luces que exhiben los parlamentarios reos del texto baste solo otro espécimen: según el artículo octavo, quien en un hotel quiera el desayuno en su habitación de fumador tendrá que salir de ella para que el camarero se lo sirva y que volver a entrar cuando el camarero salga.

Vileza. Domina la ley el espíritu persecutorio, en un horizonte de entredichos y busca de culpabilidades ("incluso en los supuestos de infracciones cometidas por menores"), de aliento a la intolerancia y la discordia, y de cerrazón sectaria a la realidad de la vida y de los hombres.

En la España de otros tiempos se llamaba malsín al que "de secreto avisa a la justicia de algunos delitos con mala intención y por su propio interés". Es un hecho que la ley y las incitaciones de la ministra de Sanidad están abriendo ya la puerta a los malsines. Nada tan fácil como la delación movida por conveniencias innobles, inquinas o malhumores, y anónima o presentada con una falsa identidad: no hay más que enviarla a cualquiera de las diligentes webs que le darán curso sin comprobar (así lo pregonan) "la veracidad de los datos expuestos por el denunciante". No se trata de una presunción: insisto, es ya un hecho.

Donde la actitud inquisitorial y el celo puritano se precipitan vertiginosamente hacia la vileza es en el nuevo artículo 7 c, que generaliza la interdicción en los "centros, servicios o establecimientos sanitarios, así como en los espacios al aire libre o cubiertos comprendidos en sus recintos". En ningún otro sitio estaría más justificado que ahí fijar lugares y excepciones para fumar (también marihuana). Pero los padres de la patria, hijos de moralinas abstractas y huérfanos de toda comprensión humana, desprecian las personas y las situaciones reales.

En las cárceles y en los psiquiátricos está autorizado fumar "en las zonas exteriores" o en "salas cerradas habilitadas al efecto". A los viejos y discapacitados se les permite en las áreas ad hoc de los asilos, aunque de ningún modo al aire libre ni en sus habitaciones. Con los enfermos hospitalizados no hay la mínima complacencia. A los padecimientos que comporta verse en tal situación, el legislador añade, ensañándose, la tortura de la abstinencia. "¡Qué escándalo -debe de juzgar-, satisfacer los bajos apetitos de un paciente terminal -de cáncer de pulmón, pongamos- que no piensa en otra cosa que en echarse unos pitillos!". Con absoluta desestima de los datos, de la voluntad y el sufrimiento ajenos, sacrifica al individuo cercano en el altar de un remoto ideal genérico. Líbrenos Dios de los altos principios.

P.S. En mi vida he fumado un solo cigarrillo.

FRANCISCO RICO, filólogo e historiador de la Literatura, es miembro de la Real Academia Española.

lunes, 10 de enero de 2011

40 MILLONES DE ADOLESCENTES CIUDADANOS

ANA Mª SEGOVIA FERNÁNDEZ

EL PAÍS (Cartas al Director), 10-10-2011

Decía hace poco un paisano tras la muerte de un niño arrastrado por la riada de un arroyo, que "es que los caminos no tienen puentes", es decir, que "alguien" debería hacer un puente en cada uno de los arroyos de este país para evitarnos riesgos. También los vecinos a los que se les han inundado sus casas por las crecidas de ríos dicen que "alguien" debió decirles que allí no se podía construir. Los afectados por la estafa de Afinsa pedían que el Estado les devolviera el dinero que ellos en su afán de cobrar más habían invertido en juegos poco seguros. Los ciudadanos que ven cómo embargan sus casas después de haberse hipotecado irresponsablemente, se quejan de la especulación y de que los intereses tan bajos les han llevado a esta situación. Los empresarios españoles que han amasado fortunas con la corrupción, especulación y arruinando empresas dicen que han perdido sus negocios por culpa del Gobierno. Cuando las jóvenes se quedan embarazadas sin desearlo se habla de que las instituciones no les informan. Los honrados padres de este país dejaron que sus hijos abandonaran la formación para trabajar en puestos temporales y no cualificados y ahora están en paro.

Es decir, los españoles no sabemos si debemos o no cruzar un arroyo con una fuerte corriente, o si es seguro hacer una casa en la ribera de un río, o si es conveniente invertir nuestro dinero en negocios oscuros, o si debemos hipotecarnos hasta los ojos, o si tenemos que ser empresarios honrados, o si debemos o no usar preservativo y, por supuesto, nosotros, los padres de familia de España, no podemos saber si es bueno que nuestros hijos estudien y se formen para que tengan un futuro mejor.

Evidentemente, somos ciudadanos adolescentes sin ninguna responsabilidad de nuestros actos.

ANA Mª SEGOVIA FERNÁNDEZ